lunes, 29 de julio de 2013

Conduciendo de noche

Me gusta conducir por la noche, además de tener menos tráfico, sobre todo en las grandes ciudades, es un momento del día que me viene estupendo para poner algo de orden en mi cabeza, aprovecho para dar forma y madurar algunas ideas que me vienen en estos momentos de calma. 

Pero sobre todo, conducir durante la noche me viene estupendamente para asimilar lo que nos pasa cada día, y es que este viaje sumado a la convivencia familiar de 24 horas en una autocaravana dan para mucho. 

Nos despertábamos en una preciosa área de descanso en North Carolina, USA, donde pudimos hablar con algunas personas (a diario se nos acercan varias personas viendo la matrícula de nuestra autocaravana y nos preguntan por la procedencia, destino...) Entonces desayunamos y pasamos la mañana allí haciendo actividades y cositas con los peques, volvimos a ver unas grandes mariposas que nos encantan (8-10 cm). Después de comer, hora de descanso para los peques, aprovechamos para rodar un poco y avanzar dirección Atlanta donde nos esperan unos nuevos amigos que hemos hecho por internet: Gustavo, Noelia, Caroline y Valentina.

Durante la carretera vemos animales, cosas que nos encanta, pero también vemos muchos animales muertos en los arcenes y algunos días como hoy presenciamos momentos muy desagradables como un gran águila que vuela bajo y un gran camión a 120 km/h pone fin a su destino.

Llegó el momento de cenar, decidimos parar en una zona tranquila de aparcamientos y comenzamos a preparar pasta, Fleur se quedó unos minutos con los peques cocinando mientras yo me acercaba a una tienda a comprar algún queso barato, lo encontré y fui a pagar, la tarjeta no funcionaba, una hora antes había podido pagar en una gasolinera, por lo que me extrañaba bastante el error, sería una decepción pues a Fleur le apetecía mucho el queso para la pasta. Dejé el queso y me volví a la autocaravana con las manos vacías, fui a otras dos tiendas de alrededor y no había queso, tampoco nos iba a pasar nada por comer pasta sin queso. El destino nos tenía guardada una sorpresa.  Ya casi a punto de cenar, llegó la cajera y nos trajo el paquete de queso que había intentado fallidamente comprar. Nos quedamos asombrados y maravillados. Esa mujer que, seguramente no nos volverá a ver y que no nos conocía de nada, tuvo un gesto muy bonito, no ya por el valor del queso, si no por el detalle y lo que nos aportaba en ese momento.

Hace unas semanas en Canadá nos pasó algo parecido, no pudimos pagar con nuestra tarjeta y una mujer que estaba detrás nuestra en la cola de la caja nos pagó las compras y se lo pudimos devolver minutos más tarde, lo mismo, alguien sin conocernos que quiso ayudarnos. Y me quedé con la frase que nos dijo "Ça me fait plaisir" y es que a nosotros también nos agrada ayudar a la gente, nos hace sentir bien poder ayudar de una forma o de otra a los demás, hace unos días en New York pudimos ayudar a una pareja que tenía un problema y es cierto que fue un placer servirles de ayuda sin recibir nada a cambio, cada vez creo más en eso de dar sin esperar nada a cambio porque ya con el simple hecho de ofrecer ayuda recibes satisfacción.

Algo más tarde para acabar el día nos acompañó una tormeta con relámpagos cada segundo tanto por el este como por el oeste, muy bonito, seguimos avanzando y a los laterales nos flasheaban decenas de luciérnagas que decoraban maravillosamente la carretera, todo un regalo fantástico. 

Mucho que asimilar en un solo día, seguimos avanzando, seguimos viviendo!

2 comentarios:

  1. Sigo vuestro viaje con mucha ilusión y veo que como avanzáis en vuestro proyecto, aunque a veces da la sensación de que vais deprisa Un abrazo

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  2. Qué precioso gesto tuvo esta mujer. El viaje os está aportando muchas experiencias humanas, algunas tan positivas como el saber que existen muchas personas altruistas y empáticas alrededor del mundo. Os envió un fuerte abrazo a todos,
    Elena

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