viernes, 6 de diciembre de 2013

El Grand Canyon

El increíble Grand Canyon.

Es difícil explicar con palabras lo que vivimos al encontrarnos dentro de ese paisaje tan inmenso y tan característico. Había momentos en los que nos parecía tan irreal que teníamos la sensación de estar viendo un documental en una pantalla gigante, pero hemos estado allí y lo hemos visto con nuestros propios ojos, hemos sentido su olor y su aire fresco en nuestras mejillas, hemos podido tocar esas rocas y tierra rojiza y hemos caminado al borde de sus acantilados.


Ha sido una experiencia única e inolvidable, llena de emociones. A lo largo de esta etapa americana, hemos visto lugares increíbles, con mucha fuerza, con vida y con una inmensa belleza, en todos ellos me gustaba permanecer algunos minutos sentada, observando y dejando que todos estos paisajes me llenaran de su energía y así siento que de alguna manera le he transmitido al bebé todo lo que he visto y lo que he sentido.

Entramos al Grand Canyon National Park por la mañana temprano y nos aparcamos cerca del Visitor Center en el Grand Canyon Village, desayunamos y fuimos a coger información.


En este parque está todo muy bien organizado y tienen a disposición de los visitantes varios autobuses gratuitos que hacen recorridos con paradas para ver el Grand Canyon desde diferentes puntos. Nosotros aprovechamos los autobuses e hicimos algunos trozos del camino a pie, en cada parada teníamos una vista parecida a la anterior pero siempre algo diferente del Grand Canyon, desde algunos puntos pudimos ver el río Colorado, que como su nombre indica tiene un color rojizo. 

El primer día hacía viento y por tanto hacía frío de montaña pero disfrutamos tanto del paisaje que el frío pasó a segundo plano. Ese día recorrimos la parte oeste del Grand Canyon y decidimos dejar la parte este para el segundo día.

Dormimos dos noches a pocos kilómetros del parque en un pueblo llamado Tusayan. El segundo día volvimos a entrar al parque y esta vez nos fuimos en autocaravana hacia la salida este, un punto que se llama Desert View. Ese día vimos el Grand Canyon bajo un manto blanco, por la noche había nevado y estaba todo cubierto de nieve, hacía mucho frío. Todo estaba precioso y los niños disfrutaron tocando la nieve y haciendo bolas, Noah no paraba de decir “uau, uau!!!!”.

Tanto los adultos como los niños estábamos maravillados por estar allí viendo y sintiendo ese paisaje y me quedo con una frase que le dijo Aïsha a Manon: “Qué suerte tienes de estar viendo el Grand Canyon con nosotros eh, tatie Manon!!!”. Tanto para Fernando como para mi estas cosas nos reconfortan y nos hacen seguir hacia delante en esta aventura.

El paisaje alrededor del Grand Canyon cambiaba mucho: montañas, desiertos, llanuras... pero lo que siempre era igual es que no había población, todo era pura naturaleza, paz y tranquilidad.

Ahora nos dirigimos tranquilamente hacia el norte de México, vamos a entrar por Mexicali y pasar unos 10 días en Baja California para luego regresar a EE.UU. y coger nuestro avión de regreso a Europa desde Los Ángeles (a principios de enero) para preparar la llegada de nuestro bebé.

1 comentario:

  1. Por lo que contáis, la experiencia del Gran Cañon ha sido muy buena y la habéis disfrutado por una parte supongo que os dará pena terminar,pero de este viaje tenéis recuerdos para toda la vida y lo mejor el "recuerdo" que va a nacer, espero que Fleur lleve bien este embarazo. Un abrazo

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