lunes, 10 de marzo de 2014

Plásticos

Después de varias semanas de lluvias sin poder salir de casa, hace unos días salió el sol y ayer domingo, decidimos dar un paseo por la playa.

Al llegar a la playa de Contis, un pueblo de la costa Atlántica, descubrimos un paisaje playero horrible. El temporal de los últimos meses ha desplazado la arena, ha derrumbado las dunas y el mar ha traído con sus mareas y olas toda la basura que en él depositamos los humanos. El resultado es que la playa estaba llena de plásticos de todo tipo, muchos envases provenientes de España.



La visión de la playa como escombrera ha impactado muy fuerte en nosotros, hemos sentido dolor, tristeza, horror y en lo más profundo impotencia. Yo no paraba de pensar “¿Qué podemos hacer nosotros?”. Pensamos en venir otro día con botas, guantes y bolsas de basura para recoger, pero es tanta la cantidad que lo poco que podamos recoger no serviría de nada.

Ayer era domingo y con el buen día de sol la playa estaba llena de gente y todo el mundo miraba con horror los escombros y la mayoría realizaba alguna foto.

Fue nuestro primer día de playa del año y el primer día de playa de Kenaï y no paraba de pensar en el planeta que estamos dejando a nuestros hijos, en la cantidad de escombros que debe haber en el mar y en la manera de actuar para tener menos impacto en la naturaleza.


Esta visión de la playa cubierta de escombros nos ha removido mucho por dentro y desde ayer pienso en todas las cosas que podemos hacer para ser más conscientes y actuar en consecuencia. Creo que el primer paso es comprar el menor número posible de envases y plásticos y para ello debemos hacer un gran esfuerzo a la hora de hacer las compras y buscar los lugares en los que los productos lleven menos plástico posible. Hoy en día no es una tarea fácil pero con interés y conciencia se puede conseguir. El segundo paso es dar una segunda vida a los envases o plásticos. Y por últimos reciclar todo lo que podamos. Son cosas que en general ya realizamos pero cuando vemos un panorama como este tomamos aun más conciencia del impacto que tiene nuestro comportamiento.

El granito de arena de cada uno al final llena una botella así que no estoy dispuesta a rendirme y voy a luchar por el planeta que nos han prestado nuestros hijos.

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