martes, 31 de marzo de 2015

William, un nuevo amigo que conocimos en Tikal.

Uno de los mejores recuerdos de la etapa de México y Centroamérica y que quedará en nuestras memorias para siempre fue nuestro breve pero intenso encuentro con William en las ruinas de Tikal (Guatemala).

Llegamos a Tikal para visitar las maravillosas ruinas en medio de la selva y al aparcarnos un niño (de la edad de Aïsha) se acercó a la autocaravana con un barreño en la cabeza para ofrecernos tamales (una comida típica de México y otros países de Centroamérica a base de harina de maíz y carne). Decidimos comprarle unos tamales y hablamos un poco con él mientras aparcábamos y nos preparábamos.


Se llama William, tiene 9 años y vende tamales mientras su madre vende artesanías en la entrada de las ruinas, tiene algunos hermanos, vive a unos kilómetros de las ruinas y también va a la escuela entre semana. William desprendía una dulzura y una ternura que nos cautivó. 


Los niños terminaban de ver una película en la autocaravana y William los miraba con curiosidad así que le dijimos si quería entrar y ver los dibujitos con ellos.


Cuando acabaron sacamos la pelota de fútbol y jugaron un rato Fernando, Noah y William.
Fernando y Noah acordaron regalarle la pelota a William cuando se marchara y como ellos se fueron a las ruinas antes que nosotros, me tocó a mí el placer de regalársela, digo el placer porque fue un regalo tanto para mí como para William.


 William me dijo que debía marcharse y le pregunté si tenía pelota de fútbol, me contestó que no y entonces le dije que queríamos regalársela. Cuando Aïsha se la entregó, una enorme sonrisa iluminó su cara, se acercó a mí, me estrechó fuerte entre sus brazos y me dijo: “Qué Dios la bendiga, muchas gracias!”. Fue un momento muy emotivo y bonito, y quedará para siempre en  nuestro recuerdo.

Al día siguiente volvimos a verle y nos dijo que había jugado al fútbol con sus hermanos y que por la noche había tenido una pesadilla en la que le quitaban la pelota, ayyy pobrecito!!!!


Para nuestros hijos también fue muy emocionante ver la alegría de ese niño por algo que ellos quisieron regalarle.

A lo largo de esta etapa, hemos tenido muchas anécdotas con niños. Por ejemplo en México en un semáforo dos niños limpiaban los parabrisas y uno de ellos se subió encima del capó de la autocaravana para limpiar nuestro parabrisas. O en Chiapas algunos niños nos cortaron la carretera con una cuerda para vendernos alguna artesanía o comida.



Ha sido muy bonito conocer a todos esos niños y niñas que se han cruzado en nuestro camino y al mismo tiempo nos ha permitido reflexionar en familia sobre la situación de los niños en diferentes partes del mundo. 

1 comentario:

  1. Me imagino la cantidad de vidas infantiles con las que os encontráis. Supongo que será inevitable para vosotros el agradecer la suerte que disfrutan vuestros propios hijos en vuestra familiar aventura. Sigo en contacto con vosotros. un abrazo

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